martes, 19 de julio de 2011

El Deber de Protegernos

Este fin de semana fue uno de noticias trágicas.

El sábado por la noche un joven fue asesinado en el baño de una discoteca por un tipo con el cuál este lolo había tenido un altercado hace cuatro años atrás. Como si eso no fuera suficiente, el asesino venía saliendo de la cárcel, hace tan sólo dos meses, por un cargo similar. 

En la estación de Metro Plaza de Maipú, un desquiciado decidió sacar un arma y empezó a dispararle a todos los pasajeros dentro del vagón donde se encontraba. Finalmente salió de la estación, sin que nadie lo detuviera, caminó hacia la plaza y se suicidó. Murieron dos personas y salieron heridas otras cuatro.

Dos eventos similares con gatillantes distintos, pero con resultados fatales en ambos casos.

La mente colectiva parte de la premisa que tenemos derecho a la vida y a que el gobierno nos debe proteger de criminales, violadores y depredadores en general. Pero la realidad es muy distinta a lo que queremos que sea.

El derecho a la vida es una utopía. Como lo manifestó Heinlein, un hombre que se está ahogando puede reclamarle su derecho a la vida al mar, pero el océano se pasa por la raja esa petición.
La vida no es un derecho, jamás lo ha sido. De hecho, la vida de seres animales y vegetales es la que sustenta la nuestra.

Lo que sí tenemos, es el deber de proteger y defender nuestras vidas, y la de nuestros seres queridos. En la naturaleza vemos ejemplos de esto por todos lados: lobas enfrentándose a un oso para proteger a sus cachorros, el búfalo luchando contra una manada de leones para mantenerse con vida, ortigas y rosas armadas hasta la coronilla para asegurar su permanencia en la Tierra. 

Un novio que lanza a su pareja al piso del metro y la cubre con su propio cuerpo para protegerla de las balas; es nuestro deber proteger nuestras vidas y nuestras familias, sin embargo ¿cuántos de nosotros seríamos capaces de hacer algo así?

¿Y carabineros, el gobierno?
Bueno, aquí tenemos un problema de percepción. Las fuerzas policiales tienen el deber de proteger a la comunidad, eso es cierto. Pero el principal trabajo de las fuerzas policiales comienza después de cometido el crimen. La policía no cuenta con el personal necesario como para proteger a cada uno de nosotros, no pueden pasar a buscarnos a la casa, llevarnos al trabajo y luego de vuelta a la casa. Están capacitados para actuar si ven un crimen en acción, o bien si nosotros llamamos para avisar de un acto ilícito que está ocurriendo. Pero el tiempo de respuesta casi siempre es insuficiente para detener un crimen mientras ocurre.

Por lo tanto tenemos una fuerza policial básicamente reactiva a los crímenes ¿Esto que significa? Significa que la primera línea de defensa y de alerta ante una amenaza, somos nosotros mismos.

Es nuestra obligación estar alerta con nuestro entorno, especialmente si vamos acompañados de nuestro núcleo familiar. Es nuestro deber protegernos y proteger a los nuestros. Por favor noten que hablo de "protección" y no de "defensa". Esto es importante, ya que la palabra defensa se traduce en reaccionar ante un ataque, pasamos a ser reactivos, nuevamente somos víctimas. La palabra proteger es en cambio más amplia, incluye todas las acciones necesarias para prevenir el daño. Por lo tanto estamos siendo preventivos, y eso amigos míos es clave para un buen sistema de protección personal.

El tema de la protección personal va más allá de un desarrollo individual del tema. Entrenar para proteger a nuestra familia está muy bien, pero debemos recordar que no siempre podemos estar con ellos, nuestros hijos crecen y con el tiempo demandan una independencia cada vez mayor. Por eso también debemos enseñarles a ellos a cuidar de si mismos. Cada uno de nosotros tiene el deber de aprender a protegerse y enseñarle a cada miembro de su familia a hacer lo mismo.

Revisando las estadísticas, una de cada cuatro mujeres sufrirá de algún tipo de agresión sexual durante el transcurso de su vida. No sé ustedes, pero yo tengo dos hijas y las probabilidades de que les suceda algo es demasiado alta como para dejar sus destinos en manos del cielo. Prefiero echarle una mano al destino y enseñarles a protegerse por si solas. Primero instruyéndolas a evitar situaciones potencialmente peligrosas y estar alertas a posibles amenazas. Segundo, entrenándolas a luchar por sus vidas.

Este lolo atacado en la disco, no es el primero ni será el último en enfrentarse a un ataque en una discoteca. ¿Podría haber hecho algo para evitar el mortal desenlace? Probablemente si. Tal vez si hubiera estado más alerta podría haber reconocido al tipo con el cuál había tenido el encontrón hace tanto tiempo; en ese caso, podría haber estado más pendiente del hombre, o simplemente haberse mandado a cambiar a otro lugar.
Lo mismo sucede con la gente del Metro, por lo que contaban los testigos, a algunos de ellos el tirador les llamó la atención por qué se paseaba mucho por el vagón y hablaba sólo. Otros no vieron nada, nada hasta que empezaron los disparos. A aquellos que si les llamó la atención ¿Que habría sido lo más lógico y fácil? Bajarse del Metro y tomar el siguiente Metro ¿tal vez cambiarse de vagón? Me atraso cinco o diez minutos, pero llego ileso.

Este primer paso, estar alerta, confiar en las percepciones, es fundamental para proteger nuestras vidas. Y es algo que muchas veces no hacemos, o peor aún, ignoramos lo que vemos y sentimos, esperando que sólo sea nuestra imaginación.

El segundo paso es fomentar nuestras habilidades físicas, aprender a luchar. Aprender a actuar cuando es necesario.

Al combinar ambas cosas, nuestras probabilidades de sobrevivir aumentan exponencialmente. Y es eso lo que debemos aprender, es eso lo que debemos compartir con nuestras familias. No podemos dejar el futuro de nuestros hijos y seres queridos en manos de una fuerza policial que no estará ahí cuando la necesitemos, no podemos dejar en manos de un sicópata la vida de un ser querido. No entenderán razones, no les importará lo que sientan sus víctimas. Debemos aprender a luchar, debemos aprender a percibir el peligro y evitarlo dentro de lo posible, debemos aprender a ser nosotros los primeros en proteger nuestras vidas y familias.

Un abrazo y estén alertas
Rodrigo

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